No todo es cortisol alto: el error más común al hablar de estrés

Cuando pensamos en estrés, casi siempre imaginamos lo mismo: demasiado trabajo, demasiada presión y demasiado cortisol.

Durante años, el cortisol ha sido etiquetado como “la hormona del estrés”, casi como si fuera el enemigo. Pero la realidad es mucho más compleja e interesante.

El cortisol no es el problema

El cortisol no está diseñado para dañarte. Está diseñado para ayudarte. Es la hormona que le permite a tu cuerpo:

  • Activarse cuando lo necesita
  • Responder ante desafíos
  • Mantener energía disponible
  • Regular procesos clave como la inflamación y el sistema inmune

En otras palabras, el cortisol es parte de tu sistema de supervivencia. Sin él, no podrías adaptarte. Ni levante en las mañanas.

El problema no siempre es tener demasiado cortisol. Cuando el estrés es constante el cuerpo empieza a adaptarse, hablamos de semanas y meses. Esta adaptación no siempre se traduce en niveles altos. De hecho, en muchos casos ocurre lo contrario.

 

Cuando el cuerpo cambia la estrategia

Si percibe que el estrés no desaparece, nuestro organismo tiene la capacidad de ajustar la forma en la que regula el cortisol. En lugar de mantener niveles elevados todo el tiempo puede empezar a modificar su patrón.

Esto puede manifestarse como:

  • Producción más baja en ciertos momentos del día
  • Respuesta menos intensa ante estímulos
  • Curvas más planas
  • Pérdida del pico natural en la mañana

Nuestro cuerpo está intentando adaptarse a una demanda constante.

 

El error de ver solo un número

Parte del problema viene de cómo entendemos (y medimos) el cortisol. Pero el cortisol no es una hormona estática, es muy dinámica.

Cambia a lo largo del día, responde a estímulos, sigue un ritmo.

Evaluarlo en un solo momento es como intentar entender una película viendo una sola escena.

Cuando los síntomas no coinciden con los estudios

Muchas personas se realizan estudios generales y reciben resultados dentro de rango. Esto puede generar frustración y el error puede estar en que no se está caracterizando el cortisol de la forma adecuada.

 

Referencias

  • Adam, E. K., & Kumari, M. (2009). Assessing salivary cortisol in large-scale, epidemiological research. Psychoneuroendocrinology, 34(10), 1423–1436. https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2009.06.011
  • Fries, E., Dettenborn, L., & Kirschbaum, C. (2009). The cortisol awakening response (CAR): Facts and future directions. International Journal of Psychophysiology, 72(1), 67–73. https://doi.org/10.1016/j.ijpsycho.2008.03.014
  • McEwen, B. S. (2007). Physiology and neurobiology of stress and adaptation: Central role of the brain. Physiological Reviews, 87(3), 873–904. https://doi.org/10.1152/physrev.00041.2006
  • Miller, G. E., Chen, E., & Zhou, E. S. (2007). If it goes up, must it come down? Chronic stress and the hypothalamic–pituitary–adrenal axis in humans. Psychological Bulletin, 133(1), 25–45. https://doi.org/10.1037/0033-2909.133.1.25
  • Tsigos, C., & Chrousos, G. P. (2002). Hypothalamic–pituitary–adrenal axis, neuroendocrine factors and stress. Journal of Psychosomatic Resea
  • Hellhammer, J., Wüst, S., & Kudielka, B. M. (2009). Salivary cortisol as a biomarker in stress research. Psychoneuroendocrinology, 34(2), 163–171. https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2008.10.026
  • Kudielka, B. M., & Kirschbaum, C. (2005). Sex differences in HPA axis responses to stress: A review. Biological Psychology, 69(1), 113–132. https://doi.org/10.1016/j.biopsycho.2004.11.009rch, 53(4), 865–871. https://doi.org/10.1016/S0022-3999(02)00429-4
Facebook
Email
LinkedIn
WhatsApp